La frecuencia puede variar según el tipo de piel y sus necesidades, pero en general se recomienda realizarla cada 4 a 6 semanas para mantener la piel limpia, equilibrada y en buen estado.
Sí, este tratamiento puede adaptarse a distintos tipos de piel, incluyendo piel grasa, mixta, seca o sensible, siempre considerando una evaluación previa para definir los productos y pasos más adecuados.
Sí, uno de los principales objetivos del tratamiento es remover impurezas, células muertas y comedones, mejorando la textura y apariencia general de la piel.
Por lo general, es un procedimiento bien tolerado. Algunas etapas, como la extracción, pueden generar una molestia leve, pero siempre se realiza con cuidado para que la experiencia sea lo más cómoda posible.
La duración puede variar según las necesidades de la piel y el protocolo aplicado, pero habitualmente una sesión dura entre 45 y 60 minutos.
Después del tratamiento se recomienda evitar exposición solar directa, usar protector solar, no manipular la piel y seguir las indicaciones entregadas por la profesional.